Hace poco se presentó en Madrid la película muda Varieté.  Una obra cumbre del expresionismo alemán rodada hace 90 años, en plena República de Weimar.

Este hecho ha sido posible gracias a la labor conjunta de la tecnología digital y la de los expertos en fotoquímica que todavía controlan el arte del duplicado, el internegativo y el montaje en las moviolas tradicionales.

Todo esto en una carrera contra reloj, pues reconstruir estas películas resultaría imposible sin los profesionales y laboratorios del cine de antaño. Pero unos y otros están desapareciendo.

Este film en concreto ha precisado de dicha colaboración.  Pero también de un trabajo previo de investigación para localizar los trozos de la misma que habían desaparecido.  En parte por culpa de la censura de la época y en parte por las consecuencias de la derrota de Alemania tras la segunda guerra mundial.  Así, se encontró una versión incompleta en el Archivo Fílmico de Austria y otra copia en la Biblioteca del Congreso de Washington.  Los intertítulos de la película, en cambio, pudieron recuperarse gracias a que aún permanecían archivados en la oficina de censura alemana y con las tipografías originales.

Varieté es una película que se adelantó a su época en todos los aspectos.  Trataba de la infidelidad (tema tabú en la Alemania de entonces) los celos, la venganza y el asesinato.  Pero también fue vanguardista en lo referente al encuadre y los movimientos de cámara.  Resulta imposible no reconocer, por ejemplo, el posterior cine de Hitchcock en algunos de sus planos.

Gran parte de la película se desarrolla en el Wintergarten.  Un local Berlinés de Vodevil famoso en los años veinte.  En ella, la pareja protagonista actúa como trapecistas junto con el hombre que precipitará toda la tragedia.  Los planos subjetivos del trapecio y la tensión generada con los mismos resultan inconcebibles para las cámaras de la época.

Lo fascinante de esta historias es que al igual que el film, el Wintergarten  también desapareció, y con él las lúbricas noches de champán, glamour y espectáculo de entreguerras.  Pero en la década de los 90 el local abrió de nuevo sus puertas en otra calle de la ciudad.  Y hoy, apenas dos décadas más tarde, se ha convertido en el legendario espacio de Vodevil que rigió las fantasías y la perversión de las noches berlinesas.